Las Paredes Hablan por Andrés Suárez
29-12-2011
Las Paredes Hablan por Andrés Suárez
El músico nos habla de Galileo
LAS PAREDES HABLAN: Andrés Suárez, sala Galileo
El Galileo fue el segundo bar que pisé en Madrid. Llegué hace unos seis años con la maleta llena de maquetas y las ganas de tocar en el metro. Nunca me había subido a uno. Tampoco había entrado en un local con fotos en la pared de gente que escuchaba en los cascos, camino al instituto. Javier Ruibal, Sabina, Krahe, Antonio Vega, Enrique Urquijo… Entré “buscando al dueño” con la intención de tocar “a la semana siguiente”. De ese encuentro recuerdo la tristeza de descubrir tu tamaño ante lo inmenso y la sorpresa del cariño con el que me trataron. Sigue siendo así. Supongo que siempre lo fue.
Tal vez por eso el Galileo sea el Galileo, más allá de las fotos. Buena gente de siempre, con la sonrisa de siempre, con el cariño más allá del aforo. Siempre. Hay gente que lleva trabajando en ese local décadas. Normal que con los años visites amigos, no personal de la sala. Recuerdo el primer concierto presentación de un disco pasado, los nervios en la furgoneta, los 5 minutos antes… Creo que no lo olvidaré en la vida. Sucede algo cuando te subes ahí por primera vez. No es explicable en este texto. De hecho, no es explicable. Se trata de música y poca luz.
La agenda de la capital tiene que ver con los carteles de colores del Galileo, al menos para mí. Es imposible no descubrir conciertos que valgan la pena aquí; noches que se hagan días; y, si las paredes cantaran, tendrían fecha… Relaciono el Galileo con el paso del tiempo de una forma directa, siempre para bien. Aquí comenzó una etapa de mi vida lejos de la costa, pero como en casa. Para los que venimos de lejos, eso es importante. Gracias Ángel, Domingo, Pedro y a todo el personal por la ayuda con la morriña y cuidarme la sed. Tengo la suerte de subirme al escenario de Galileo con frecuencia, siempre bien acompañado a ambos lados. Ese escenario que comparto con gente a los que escuché toda mi vida. Qué bueno… ¡Salud, Galileo!


